Por Julián Marías, de la Real Academia Española
Publicado en el diario ABC de Madrid, el 17 de diciembre de 1998
Es un hecho notorio la reciente y creciente inestabilidad del matrimonio -o
su ausencia- y por tanto de las relaciones familiares. Pero hay un factor nuevo,
de los últimos decenios, y también creciente, y que viene a modificar
la situación. Se trata de que el aumento de la longevidad hace que las
últimas generaciones, los que son niños o jóvenes, tengan
abuelos en proporción desconocida en tiempos pasados. Los abuelos, los
que llegaban a tener relación con sus nietos, eran casi siempre "viejos".
Ahora no lo
son; llegan a esa relación en buen estado, vivos y despiertos, y con
gran frecuencia duran mucho, es decir, conviven con los nietos, no sólo
en la infancia sino ya entrada la juventud y aun en los comienzos de la madurez.
Vienen del pasado, pero están en el presente, y en muchos casos tienen
porvenir. Los abuelos tratan con sus nietos "desde" un nivel cronológico
pretérito, pero están instalados en el presente y miran hacia
el futuro.
Su papel involuntario es restablecer la continuidad histórica, hacer
que el presente de los nietos tenga mayor "espesor" que el de las
personas anteriores a esta situación de longevidad lúcida. Han
vivido en tiempos que se van alejando. Han asistido a sucesos que se han olvidado
o que muchos se dedican a deformar y falsificar. Es posible que los abuelos
también lo hagan por error o con mala voluntad, pero en todo caso aportan
una instancia diferente y es probable que se sientan obligados a la veracidad
para con sus nietos. Los abuelos ponen ante los oídos y la mente de sus
nietos la lengua viva de hace algún tiempo, que ha empezado a estar en
desuso, sustituida por otras expresiones por lo general empobrecida. Sería
interesante indagar el nivel lingüístico de los jóvenes según
su trato con los abuelos.
A última hora, lo que cuenta es la actitud personal del nieto, su capacidad
de curiosidad, recepción, afecto. Y, por supuesto, el horizonte en que
se mueve. Quiero decir lo que de verdad le importa. He hablado de lo que el
abuelo cuenta, de cómo habla, de su uso de la lengua. Pero no es esto
lo más importante. Lo que podría servir al nieto es quién
es. El tipo de hombre o de mujer que es "de otro tiempo" pero también
de este. Cuando el viejo dice "en mi tiempo" a veces olvida que también
lo es el día que señala el calendario. Ante el abuelo, el nieto
hace la experiencia inmediata de la historia. Asiste a la variación mínima
y accesible de unos cuantos decenios.
Si lo percibiera adecuadamente, recibiría un enriquecimiento que le permitiría
comprender nada menos que la historicidad de la vida humana, que va a condicionar
la suya. Y todavía hay algo más. Hay abuelo y abuela, varón
y mujer. Presentan ante los ojos del nieto y la nieta dos formas de instalación
sexuada, de vida humana personal, fácilmente comprensibles, pero que
no son iguales a las de sus padres ni a las que van a realizar ellos mismos
después.
Veo en la persistencia de los abuelos, que no se deciden a morir demasiado pronto,
una posibilidad para los nietos, con la única condición de que
tengan la generosidad de aprovecharla.
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